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Blog de Mario Ortega

Sobre la ciudad (3 de 8)

Sobre la ciudad (3 de 8)

Sobre la ciudad 3

Las primeras ciudades fueron el centro de la política, del pensamiento y de la ciencia, productoras de conocimiento y de manufacturas. Como un ser vivo la ciudad necesitaba absorber alimentos del entorno para mantener su actividad, su metabolismo. Para ello, era necesario el establecimiento de canales de abastecimiento de agua y otros insumos, y de vías de evacuación de los desechos. La afluencia y efluencia de mercancías, energía, agua y detritos permitió a parte de la humanidad vivir sin salir de los límites de la ciudad.[9] La disponibilidad de canales de suministro de materias primas, –de redes incipientes–, convierte a las ciudades en lugares ideales para la producción de manufacturas transformándose así en centros de producción y lugares de consumo concentrado. El principal efluente de una organización ciudadana vino a ser el conocimiento sustanciado en los productos que ofrece y envía a los mercados de otras ciudades, sean estos materiales o inmateriales. Consumo y producción son los dos ejes entorno a los que crecen las ciudades.

En tanto antes de las existencia de las ciudades las gentes salían de los asentamientos humanos para procurarse el alimento y otros bienes, y para intercambiar sus mercancías, con la aparición de la ciudad, –lugar de asentamiento con vocación de permanencia eterna,– es posible la estructuración de redes que permitan el flujo hacia ella y desde ella hacia otras ciudades. De este modo, aparece lo que hoy, después de unos cuantos milenios de historia de la ciudad, es una de sus características indiscutibles: su dependencia de las redes; sean estas de transporte, de agua potable o de evacuación (pluviales, fecales, industriales), de electricidad, de recogida de residuos, sanitaria, educativa, de telefonía, mediáticas, o la última, la red por excelencia, la web.[10] De algún modo la ciudad es una malla de flujos en cuyos intersticios se encuentran las edificaciones y otros espacios de utilidad comunitaria.[11] Las redes obligan y permiten, a un tiempo, la organización de la ciudad. Los habitantes de una ciudad amparados en sus redes viven con cierta despreocupación por la intemperie y la alimentación, y disponen de canales organizados de comunicación e intercambio, liberando tiempo para ocuparlo en otros menesteres diferentes de los de la vida agraria, más natural, pero también más arriesgada y menos cómoda.

Por ello, el ser urbano que vive dentro de los límites de la ciudad, percibe la naturaleza exterior como alejada e ilimitada. Vivir en ciudades atrofia la capacidad de vivir en plena naturaleza con medios sencillos.[12] La naturaleza se separa de nuestras vidas convirtiéndose exclusivamente en una fuente de recursos de los que podemos apropiarnos con todo derecho, además de devenir un lugar paisajístico. La manufactura industrializada y el aspecto exterior de las mercancías aleja la percepción de que están hechas de materias primas recolectadas en el medio ambiente. La sofisticación de algunos productos alimenticios en su forma y su embalaje consigue ocultar su origen orgánico. La educación ambiental en la escuela intenta contraponerse a esta visión desnaturalizada de la realidad, pero no cabe duda que, en el marco de sus actividades, se acude a la naturaleza como espectador para volverle de inmediato la cara y regresar a nuestro refugio urbano.

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[9] Hoy podríamos vivir sin salir de los límites de nuestra vivienda conectados con el mundo exterior por las redes que nos permiten alimentarnos, trabajar y conocernos sin movernos prácticamente de nuestro domicilio.

[10] El asalto bélico a una ciudad se iniciaba cortando las redes de suministro y sitiándola. En la actualidad, la caída de cualquier red provoca una situación caótica con consecuencias impredecibles; son avisos del grado de dependencia  que tenemos de los sistemas de suministro y evacuación (fluencia y efluencia), sean estos materiales o inmateriales, de mercancías o de conocimiento.

[11] Las redes virtuales pueden permitir relaciones propias de la ciudad sin dependencia del territorio físico. Movilizaciones ciudadanas de carácter mundial pueden ser favorecidas por la web y la telefonía móvil.

[12] Hoy nuestra supervivencia en situaciones naturales de riesgo depende del teléfono móvil y del acceso a las redes de telefonía de emergencias, 112 en Europa y 911 en los EE.UU.

Ilustración: Los mejores momentos, de Gonzalo Torné

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