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Blog de Mario Ortega

Sobre la ciudad (4 de 8)

Sobre la ciudad (4 de 8)

Sobre la ciudad 4

Podemos considerar a los estados o naciones como asociaciones de ciudades que ejercen su soberanía sobre el territorio que las circunda y las contiene. Una de ellas será el centro del poder político y ahí radicará su potencial de crecimiento. Con la aparición del estado moderno y su organización territorial, la ciudad queda exonerada de sus límites defensivos, que se desplazan al territorio fronterizo con otros estados-nación. La progresiva desaparición de la verdadera vida salvaje (de los depredadores de gran tamaño), y la exportación de las fronteras, permite el crecimiento de la ciudad con independencia de la función defensiva. Hasta entonces el crecimiento de las ciudades ocurría hacia dentro de la muralla estrechando calles, elevando alturas, ocupando huertas, compartimentando y construyendo arcos habitables apoyados sobre las dos fachadas de la calle; después las viviendas y las actividades urbanas pudieron saltar las murallas de la ciudad histórica.

La tensión entre población y recursos disponibles mantuvo a las ciudades dentro de unos límites. En el siglo XVII el 95% de la población vivía en el campo. Tras la revolución industrial se inicia un camino exponencial de mejora de las redes de abastecimiento y de las tecnologías de extracción y transformación que sienta las bases para la obtención de productos en mercados de ámbito mundial. La colonización militar precede a la política y a la económica que la justifican. Por otro lado, la mejora de la salubridad hace disminuir la tasa de mortalidad y favorece el aumento de la población. El crecimiento de las ciudades ha sido propiciado por el incremento de la esperanza de vida y por la posibilidad de abastecimiento a gran escala. La capacidad tecnológica actual permite el suministro de agua, energía y otros bienes de consumo a megalópolis de más de veinte millones de habitantes. Las mercancías pueden moverse de un lado a otro del globo sin más impedimentos que los meramente especulativos procedentes de los acuerdos de libre comercio. Mientras la energía necesaria para estos desplazamientos sea barata y la mano de obra sufra condiciones de explotación, esto seguirá siendo así. Cuando alguien adquiere un objeto made in China, en un “todo a cien” o en cualquier otro comercio, y piensa en su carga impositiva, en los beneficios comerciales del establecimiento, los de los importadores y los del fabricante, se pregunta qué habrá costado el transporte y qué quedará para las personas que pusieron la mano de obra. Por no hablar el acelerado deterioro medioambiental que están sufriendo los países donde están instaladas las fábricas.

Las áreas metropolitanas, las grandes metrópolis aparecen como consecuencia de que la ciudad es un vórtice atractivo de actividades humanas, industriales, comerciales y, hoy más que nunca, de oferta consumista. Incluso los productos artísticos están empezando a exponerse en lugares llamados contenedores culturales. Son continuadores de los museos. El nuevo nombre añade el matiz del embalaje para la oferta turística de masas. La «magia del contenedor»[13] ejerce el efecto atractivo del envoltorio. En los países ricos las ciudades que crecen son las consumidoras. En zonas y países pobres todavía se producen crecimientos por implantación de actividades industriales. Esto es así porque a la industria le da cada vez más igual el lugar de asentamiento. La fuga de fábricas de los países industrializados es lo que se denomina deslocalización. Se busca terreno a buen precio, regalado en muchos casos, acceso a redes y disponibilidad de energía, agua, mano de obra barata y lugares para emitir desechos con facilidad; en definitiva legislación territorial, laboral, de protección de la salud y medioambiental laxa o inexistente.[14]

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[13] Humberto Eco: El museo en el tercer milenio. Madrid 2005, Revista de Occidente Nos 290-291.

[14] La industria, para su fábrica automatizada, sigue sin necesitar ciudadanos, necesita obreros descualificados o de baja especialización.

Ilustración: Emergen de la noche gris. de Paul Klee.

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