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Blog de Mario Ortega

Juantxo en Copenhague

Juantxo en Copenhague

Quiero escribir sobre la acusación de allanamiento de morada (de la reina), por parte del estado danés (su fiscalía), contra los activistas de Greenpace, por colarse(sin permiso) en la cena de mandatarios, que a la finalización de la cumbre del clima en diciembre de 2009 (fracasada con impunidad), se celebraba (para no celebrar nada).

Como no quiero repetirme, o no se me ocurre nada, o me parece que todo el mundo sabe la gravedad planetaria y humana de las consecuencias del cambio climático, voy a reproducir un poema de Juan Carlos Mestre, del libro La Casa Roja, titulado Lysístrata en Copenhague.

Está escrito mucho antes de los sucesos que llevaron a Juantxo López de Uralde, Nora Christiansen, Christian Schmutz y Joris Thijssen a la cárcel durante 21 días de navidad y ahora a una acusación por allanar el palacio de la reina Margarita II. Pero, como algún artista respondió (ahora no recuerdo quien), cuando le preguntaron que qué significaba su obra, "ya significará algo."

Lysístrata en Copenhague

Hace por lo menos dos mil años que ocurrió la guerra del Peloponeso
Una tristeza como otra cualquiera que dejó a Atenas sin hombres.
Sólo se veían mujeres por las calles, mujeres en el teatro, mujeres en el supermercado.
Una de ellas se llamaba Lysístrata, algo melancólica y propicia al escándalo.
El caso es que estaba hasta la coronilla, rodeada de perrillos y ancianos.
Los atletas caían en el combate, los amantes no regresaban de la oscura batalla.
La muerte, sollozaba Lysístrata, no es la mejor ocurrencia de los ciudadanos clásicos.
Una noche tuvo un sueño y se lo contó a las viudas de Atenas.
Se enfrentó a los arqueros, se enfrentó a los magistrados, se enfrentaron a los cobardes.
¡Por Diana de Táuride! ¡Dejad las armas y regresad a la ciudadela!
Los hombres hicieron caso por la cuenta que les corría, y triunfaron las asambleístas.
¡Venus nos asista! Exclamaban al arrojarse en sus brazos los de la opción a, que representa a la juventud.
¡Por todas las diosas! Invocaban por un asunto de método los de la opción b, al contemplar la desnudez de su amor.
Hace por lo menos dos mil años que ocurrió la guerra del peloponeso.
Como ya suponía Lysístrata, a falta de un buen final,
hoy concluye en Copenhague esta historia.
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