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Blog de Mario Ortega

BANDERAS ANDALUZAS PARA LAS PERSONAS INVISIBLES

BANDERAS ANDALUZAS PARA LAS PERSONAS INVISIBLES

Por Rafa Rodríguez en PARELO 36

Las aterradora situación de paro que sufre Andalucía, la mayor de toda Europa, contrasta con la nula presencia de los parados y paradas en los medios de comunicación.

La contundente realidad de 1.000.000 de parados, el 25% de la población activa, no se refleja de forma estructural en la información diaria que los medios proporcionan. Los Parados sólo existen en las estadísticas de la prensa escrita o en algunos programas de la televisión en forma de realty shows.

No cuesta mucho imaginar que el millón de parados y paradas andaluzas arrastran millones de tragedias cotidianas que sin embargo no constituyen noticias. No es sólo la angustia por la incertidumbre de volver a encontrar trabajo, por haber acabado el subsidio, o estar apunto de ello, o por ser absolutamente insuficiente porque el empresario hizo trampas a la hora de declarar a la Seguridad Social las horas trabajadas, es también la dificultad extrema para pagar la hipoteca, el hundimiento de la autoestima o el aumento de la conflictividad familiar.

Sin embargo, en los medios de comunicación parece que la vida sigue como si nada de esto fuera realidad. Los titulares tratan sobre los mismos temas que el año anterior o que el otro. Ni siquiera EREs tan importantes para Andalucía como la de Roca en Alcalá o la de Ercros en Huelva han constituido hitos informativos.

Tal vez una explicación estribe en la inexistencia de movimientos sociales de parados. Los medios de comunicación van a ignorar esta incómoda realidad a no ser que se transforme en un conflicto visible. ¿ Y cómo se explica que esto aún no haya sucedido?. Una causa es la enorme desconfianza que se ha gestado en las últimas décadas sobre la utilidad de las actitudes colectivas. No se trata ya de la desconfianza sobre los partidos, que es obvia, ni sobre los movimientos sociales organizados; es incluso una desconfianza más profunda, es una desconfianza sobre el propio comportamiento de los ciudadanos cuando se comprometen con causas comunes. La gente piensa que si éste participa y gasta su tiempo en porque busca algo para el mismo; piensa que todo el mundo está en venta y que los posibles líderes se van a pasar al poder por un precio cuando tengan un nombre.

El individualismo y la despolitización de la ciudadanía, el descrédito de los sindicatos financiados desde el poder y la desconfianza de los partidos, que en estas duras circunstancias están dando un espectáculo lamentable de corrupción y sectarismos, están agudizando una compleja crisis política que se está cociendo lentamente en el imaginario colectivo.

Hemos afirmado muchas veces que esta crisis es en primer lugar una crisis política no sólo porque el sistema político no la haya impedido, ni tan siquiera advertido, sino porque el sistema oligárquico de partidos ha secuestrado por completo la iniciativa política de los ciudadanos y ha impuesto una lógica de marketing a corto plazo que no sólo no es funcional sino que es terriblemente perjudicial en estas circunstancias.

Los parados y paradas tienen que organizarse y hacer que el conjunto de la sociedad los mire y articule soluciones; que las organizaciones sociales y los partidos cambien sus prioridades y los pongan en el primer punto del orden del día; que las administraciones se adapten a nuestra realidad y vean y actúen para evitar la desesperación y el dolor. Porque esta situación, a pesar de las metáforas de brotes verdes antes de las citas electorales, va para largo.

Por eso tiene tanto valor las manifestaciones promovidas por el SAT, en las que la bandera andaluza vuelve a alzarse como un símbolo de rebeldía y lucha por la justicia. Ayer, por ejemplo, más de 1.000 personas se movilizaron en Málaga para pedir un fondo económico especial para todos los trabajadores en situación de desempleo. En estas concentraciones intervino José Antonio Pino, miembro del consejo de redacción de P36, que expresó públicamente el apoyo y la solidaridad a todas las personas que sufren el paro en Andalucía. Las banderas andaluzas, durante unas horas, rompieron el maleficio de la invisibilidad para los parados y paradas.

Andalucía necesita afrontar reformas estructurales para lograr una salida estable y sostenible de la crisis; necesita imponer la máxima austeridad en el gasto corriente de las administraciones públicas eliminando duplicidades y organismos ineficientes; necesita una nueva cultura fiscal que grave el uso de los bienes comunes, penalizando la contaminación y el consumo de recursos, que grave la especulación y el patrimonio de los que más tienen y necesita urgentemente hacer realidad el derecho a la renta básica que recoge el Estatuto de Autonomía para Andalucía, en su artículo 23 en su apartado segundo: Todos tienen derecho a una renta básica que garantice unas condiciones de vida digna y a recibirla, en caso de necesidad, de los poderes públicos con arreglo a lo dispuesto en la ley”. Son derechos y no operaciones de márketing sin conexión alguna con el principio de equidad como el subsidio de los 420 € sólo para los que se queden sin prestaciones a partir del 1 de agosto de 2009, lo que necesitamos. Derechos públicos subjetivos exigibles ante los tribunales y no fuegos de artificios electorales ante una situación tan dramática como la de carecer de cualquier renta.

La Renta Básica constituye un eficaz instrumento para erradicar la pobreza severa, la marginación y las situaciones extremas de desigualdad en Andalucía. La situación de paro por el que atravesamos, y las perspectivas de aumento hasta cifras desconocidas y dramáticas, a causa de la fragilidad de nuestro sistema productivo, están provocando que un gran número de andaluzas y andaluces se hayan quedado no sólo sin trabajo sino incluso sin ninguna prestación pública; es más, cerca de 300.000 familias están en una situación límite porque ninguno de sus miembros puede aportar ingreso alguno.

Además de las personas y familias enteras en paro sin derecho a subsidios hay personas en situaciones de grave riesgo social, jubiladas sin derecho a tener una pensión contributiva o que ésta es notoriamente insuficiente; por ruptura familiar donde una de las partes queda sin los medios mínimos para rehacer su vida, sobre todo en el caso de mujeres que optaron por dedicarse de lleno a la familia o con hijos pequeños a cargo, donde la ex pareja no puede o evade garantizar la pensión alimenticia; la inmigración extra o intracomunitaria, etc.

Andalucía debe emprender una profundización en el Estado del Bienestar, dando respuesta a los nuevos retos que plantea la crisis de la globalización, con nuevos derechos, nuevas responsabilidades y nuevos sujetos. La pobreza de una parte de nuestros residentes no puede ser ignorada por un Estado que tienen la naturaleza de Social y que tiene en las políticas de servicios sociales uno de sus justificantes legitimadores. Es inaplazable la aprobación de la Ley que haga realidad el derecho contenido en el Estatuto de Autonomía acerca de la Renta Básica.

La construcción nacional de Andalucía tiene, sin duda, como uno de sus principales compromisos lograr una Andalucía libre de miseria. Tenemos que gravar la renta básica en nuestra bandera para que vuelva el color de la esperanza a los que quieren volver invisibles.

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