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Blog de Mario Ortega

Entropía, productividad y empleo

De nuevo se produce un fuerte aumento del número de personas desempleadas, el sistema continúa con su inercia destructora sin que sirvan de freno las palabritas gubernamentales. Un 20 % en el Estado y un 27,2 % en Andalucía. El drama continúa y continuará por mucho tiempo mientras se piense que la única manera de contener el paro es crecer en términos de cifras macroeconómicas, crecer en PIB que incluye el crecimiento financiero tabulado en las bolsas. Los grandes titulares diarios siguen focalizados sobre las bolsas, los rescates y los mercados financieros. Toda operación bursátil es una operación inconsistente y alejada del mundo real. Muchos análisis se han hecho ya en estas páginas digitales de P36.

El problema es que ya no hay por donde crecer, o, en el mejor de los casos, los espacios de crecimiento en los sectores tradicionalmente empleadores en Andalucia son muy escasos. ¿Puede crecer el modelo turístico andaluz tal y como lo conocemos? ¿Puede reactivarse el sector inmobiliario tal y como lo conocemos? ¿Puede crecer el sector pesquero? ¿Puede crecer la agricultura intensiva? No, no y no. En cualquier otro sector que dependa fuertemente del uso de materias primas o del uso de territorio tampoco se podrá crecer.

Luego el principio de que es necesario crecer al menos al 3% anual para disminuir la tasa de desempleo, aunque fuese cierto, ya no sirve. El poder político actual tiene depositada la confianza en que todo vuelva a las andadas casi por arte de birli birloque dedicándose a mantener la economía en estado comatoso.

Entonces, ¿cual es el camino? Fijémonos en como se sustenta la vida sobre el planeta Tierra. Existen unos organismos fotosintéticos, las plantas, que a partir de energía del sol y de materia de su entorno producen estructuras orgánicas ordenadas. En esas estructuras orgánicas está contenida la plusvalía energética del trabajo químico alimentado por la energía solar. Primer principio de la termodinámica: “La energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma.” Los límites de este crecimiento son el espacio físico, la cantidad de nutrientes del entorno y la energía radiante disponible. Durante millones de años la naturaleza de la vida se ha ajustado a los límites materiales cerrando los ciclos químicos, los ciclos de materia. Para no sobrepasar los límites es imprescindible que los seres vivos mueran devolviendo sus constituyentes al entorno para que entren de nuevo en el ciclo vital. La estrategia de la vida para hacer frente a esta tragedia es la reproducción. La necesidad de reproducción de cualquier especie está determinada por la obligación física de extinguirse que tiene cada unos de sus individuos. Todo el metabolismo vivo tiene el objetivo de la reproducción y está alimentado por una única fuente energética externa: el sol.

El proceso natural irreversible de un organismo vivo es un proceso degenerativo. Segundo principio de la termodinámica: “La entropía del universo aumenta.” Para mantener el orden vivo, para mantener su “productividad,” es necesario disminuir la entropía haciendo que ésta aumente en el exterior, de modo que en términos absolutos el balance sea cero. El sol aumenta su entropía, degenerándose lentamente durante millones de años, en tanto que las plantas disminuyen su entropía aprovechando la radiación solar. Tenemos que toda la productividad de los sistemas vivos se obtiene de la energía solar y de la entropía solar. Simplificando, el sol nos aporta la energía y el orden, en tanto en el astro disminuye la energía y aumenta su desorden.

El cambio del modelo productivo que nos lleve a la disminución de la tasa de paro, pasa entonces por aumentar la productividad en términos relativos, disminyendo el uso de los recursos naturales (materia) y aumentando el uso de la fuente externa de energía (el sol). La desmaterialización de la economía permite jugar en los límites del sistema disminuyendo los riesgos de la escasez (que llevan aparejados el incremento del precio de las materias primas). La sustitución total del modelo energético hacia el renovable nos aporta la fuente de productividad necesaria, esta vez desde el exterior del planeta a un plazo de miles de millones de años. Si el sistema económico aumenta la productividad por esta vía, parte de la misma puede dedicarse a la prestación de servicios sociales que favorecen la equidad, la igualdad y la solidaridad, incrementando el empleo en estos sectores sin que suponga un incremento del déficit público.

Sustanciar esta biomimesis pasa por objetivos políticos como el cierre de los ciclos de los residuos, la gestión de la demanda de las necesidades de agua, la reducción de las emisiones de CO2, la trasformación del modelo agrario hacia la agricultura ecológica, el impulso de un nuevo modelo de movilidad en nuestras ciudades y comarcas. Las herramientas son legislativas, las principales: las leyes de presupuestos y de hacienda pública, las leyes fiscales y las leyes de contratos. Solo lo público, ahora más que nunca, puede actuar como motor de cambio. Para ello, el poder real a de ver un poco más allá de sus narices. Conectar nuestra economía al sol es la única fuente de productividad que nos va quedando. Alejados ya bastante de la naturaleza conviene ahora mirarla con atención, es un ejemplo que ha permanecido dinámico algunos millones de años.

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